jueves, 24 de septiembre de 2009

21 otra vez.

No quiero admitirlo, pero estoy contando los días, las horas, los minutos y los segundos...
Sé que vas a irte, sé que estaré sola otra vez.
Volverás con tu estrella, lo sé, aunque intentemos ocultarlo. Volverás con ella y los dos seréis felices.
Pero yo no.
No voy a retenerte, no voy a obligarte, no voy a decidir por ti. No voy a decirte esas dos palabras que quieres escuchar porque cuando lo haga seré incapaz de salir adelante, como aquella vez. Contengo las lágrimas mientras escribo, y cuando hablemos no sabrás nada de esto. Mejor así.

Se acerca ese día, un nuevo 21, la fecha de mi nueva muerte. Aunque esto no pase un 21, será mi día, tu día y su día. Un día para tres personas y para un corazón roto dos veces.
¿Ves lo que me haces escribir?

domingo, 13 de septiembre de 2009




El sonido del teléfono la devolvió a la realidad. ¡Jack! ¡Podía ser Jack! Había leído sobre ese tipo de situaciones: se piensa intensamente en una persona, ella capta las vibraciones y llama. Se han escrito libros al respecto, así que había decidido probar y durante semanas no hizo otra cosa que pensar en recibir una llamada de Jack. Quizá finalmente había funcionado.


Best friends getting sorted - Rosie Rushton.

domingo, 6 de septiembre de 2009

I MISS LONDON.

London is love. I think it's the most beautiful place in the world. I want to come back to see my friends. I miss you, guys.
I had got great moments with you at the school, at Tesco (it was so so embarrasing sometimes... for example when I found another Tesco so close to school), at the school trips, at the cinema and, OF COURSE, at the Tube. I LOVE THE TUBE. It's big, fast and so so SO warm hahahaha.
I miss my host family, too. My mum was so friendly and her dinners are so delicious, yummy!

I LOVE LONDON AND I MISS IT.

jueves, 30 de julio de 2009

The Curious Case of Benjamin Button.

Vidas entrelazadas.
18/04/09



Una chica en París se disponía a ir de compras, pero se le olvidó el abrigo y volvió a por él. Cuando cogió el abrigo sonó el teléfono así que se detuvo a cogerlo y habló un par de minutos. Mientras la chica estaba al teléfono, Daisy ensayaba para una actuación en la Ópera de París, y mientras ensayaba, la chica, una vez hubo colgado el teléfono, salió a coger un taxi.
Un taxtista se había bajado, tras dejar al último pasajero, a tomar un café, y mientras tanto Daisy seguía ensayando; y el taxtista que se había bajado, tras dejar al último pasajero, a tomar un café, cogió a la chica que iba de compras y que había perdido el taxi anterior. El taxi tuvo que detenerse para no atropellar a un hombre que había salido hacia el trabajo cinco minutos más tarde por haber olvidado poner la alarma. Mientras ese hombre, que llegaba tarde al trabajo, cruzaba la calle, Daisy había terminado de ensayar y se daba una ducha; y mientras Daisy se duchaba, el taxi esperaba fuera de la botica a que la chica recogiera un paquete que no le habían envuelto aún porque la dependienta que tenía que envolverlo había roto con su novio la noche anterior y se había olvidado.
Una vez envuelto el paquete, la chica, ya en el taxi, vio como una camión de reparto se cruzaba en su camino; mientras tanto Daisy se arreglaba. El camión se apartó y el taxi pudo avanzar. Mientras, Daisy, la última en vestirse, esperó a una de sus amigas, a la que se le había roto un cordón. Mientras el taxi estaba parado esperando a que cambiara un semáforo, Daisy y su amiga salieron por la puerta de atrás del teatro.
Y sin tan solo una cosa hubiera ocurrido de otra forma, si ese cordón no se hubiera roto o ese camión se hubiera apartado dos segundos antes, o ese paquete hubiera estado envuelto porque la dependienta no hubiera roto con su novio, o ese hombre hubiera puesto la alarma y se hubiera levantado cinco minutos antes, o ese taxista no se hubiera parado a tomar un café, o esa chica no se hubiera dejado el abrigo y hubiera cogido el taxi anterior, Daisy y su amiga habrían cruzado la calle y el taxi habría pasado de largo.


The Curious Case of Benjamin Button.

martes, 28 de julio de 2009

Eres el oxígeno que llegó cuando no podía respirar, cuando me hundía sin remedio en una nube de dióxido de carbono y nitrógeno que me mataba, cuando me caí al mar y no tenía fuerzas para nadar, cuando atravesé la atmósfera de la felicidad y me quedé flotando en el espacio sin poder regresar.
Eres el oxígeno que llegó cuando mis pulmones lo pedían a gritos, cuando mis células morían una tras otra por no tener fuerzas ya para vivir, cuando mis ojos se apagaban y esa luz amarilla se extinguía, cuando mi boca se abría en un último intento de atrapar algo de aire.
Entonces llegaste tú.

Bueno... no, no exageremos, tú has sido todo eso, pero no eres tan importante.
Nunca habrá nadie más importante que mi estrella, lo siento.
Pero te daré las gracias una y otra vez hasta el fin de mis días por salvarme, porque gracias a ti estoy curada.

sábado, 4 de julio de 2009

EN LONDRES.

Voy a pasar 20 maravillosos días en una ciudad lejana con un chico muy especial.

¿Qué más puedo pedir?
Ah, sí. ¡Qué no llueva!

viernes, 12 de junio de 2009

El problema de Greg.

Greg se levantó de la cama como cada mañana y salió al balcón a contemplar el horizonte como hacía cada sábado por la mañana desde hacía unos meses. Ayer por la noche había quedado con Priscila, Pris, como le gustaba llamarla, y nuevamente había sido un desastre. Por la tarde la había acompañado por lujosas tiendas de la ciudad aguantando las bolsas y la chaqueta mientras ella se probaba innumerables vestidos, zapatos y pantalones. "Necesito unos pantalones -le había dicho el día anterior-, ¿me acompañas esta tarde a comprármelos?"
Él no podía negarse, por supuesto que no, lo haría todo por ella, lo haría todo por ella, y eso es lo que llevaba haciendo desde hacía casi dos años. Estaba enamorado y tenía miedo de que ella se diera cuenta de lo poco que valía, por eso la trataba como a una reina y no podía aguantar verla filtrear con otro hombres. Ahora, desde hacía unos meses, ese miedo había aumentado considerablemente.
"No es más que una mala racha que durará poco -le decía el barman una de las tantas noches que pasaba en el bar de la esquina-, pasará pronto."
"No es más que una mala racha que durará poco -le decían sus amigos cuando él expresaba sus preocupaciones dejando entrever solo la mitad de sus sentimientos-, pasará pronto."
Pero nada pasaba, Greg sabía que no estaban mal, pero tampoco estaba bien, y la cena de anoche había sido otro punto más para añadirlo a su lista. Después de las compras Pris le había ofrecido una cena para compensarle y él había aceptado al instante, alegre de que ella fuera la que propusiera la cita, algo que no hacía desde mucho tiempo atrás. La cena empezó bien, Priscila estaba preciosa con su vestido nuevo, comprado esa misma tarde, pero él había metido la pata al instante, en vez de decirle que parecía una princesa y que era la chica de sus sueños, se había quedado callado y con las orejas enrojecidas, como siempre le pasaba cuando algo le deslumbraba. De todos modos, ese había sido el menor de los inconvenientes.
Mientras comían el salmón, Greg quiso servirse un poco más de vino, con tan mala pata que acabó tirándole a Pris la copa sobre su vestido. Por suerte ella se lo tomó con bastante humor y le repitió una y otra vez que no pasaba nada, que el vestido era negro y un poco de vino no se notaría.
"Lo malo es que el olor sí que se nota y la gente pensará que soy alcohólica." -dijo entre risas.
Al final de la cena, que afortunadamente acabó sin más incidencias, Greg le había propuesto a Priscila que se quedara en su casa esa noche, ya que era la más cercana al restaurante y ambos habían bebido, pero ella no quiso. Greg insistió y Priscila acabó gritándole en medio de la calle.
"¡No voy a subir a tu casa, ¿de acuerdo?! ¡Se acabó la discusión!"
Y luego se había ido rápidamente antes de que Greg pudiera cogerla y besarla tal y como hacen en las películas, o simplemente cogerla y decirle que no porque quisiera que se quedase con él quería también sexo, o simplemente decir adiós. Él se quedó parado mientras la gente miraba y subió a su piso mientras se repetía mentalmente lo inútil que era.
Y es que esa era la verdad, desde hacía tiempo Priscila no quería estar en casa de alguno de los dos si estaban solos, no quería meterse en su cama, y ni siquiera quería acariciarle como antes. Greg se sentía solo, inútil y sin autoestima, pero por más que le diera vueltas no podía comprender lo que le pasaba a Pris.
Y es que nadie entiende a las mujeres.